Un mes para partir. Consejos para ayudar a los niños a adaptarse al cambio

Un mes. Para mí a ratos sonaba a una eternidad y otros ratos me sonaba a una cantidad manejable de días. Nunca me sonó a poco y aún así sabía que era algo que teníamos que hacer y que quería hacer.

Javier y yo nos despedimos en Madrid con el plan de volvernos a ver un mes después los dos solos para una luna de miel adelantada (porque el orden de las cosas nunca fue lo nuestro).

Yo venía a Quito a la boda de mi prima y Mateo venía para quedarse. Estaríamos un mes aquí los dos y luego mamá y papá estarían un mes de viaje.

Tenía una clara misión ese mes: presentar la familia a Mateo, lograr que se sienta como en su casa en la casa de los abuelos y de dejar una rutina establecida para que los abuelos puedan mantenerla durante ese mes que mamá y papá no estaban.

Después de que aterrizamos en Quito y dormimos 15 horas seguidas Mateo se despertó a una realidad completamente diferente. El se fue a España con un año recién cumplido y durante 10 meses no tuvo contacto (más que llamadas de WhatsApp) con el resto de su familia. Mientras todo el mundo estaba emocionado de volver a verlo, el los estaba conociendo por primera vez y me imagino que debe ser aterrador ver tanta cara nueva que grita al verte, quiere cargarte, besarte y tocarte.

A eso hay que sumarle que sin duda extrañaba a su papá, su camita, su guarde, su amado parque con patitos y su rutina en general. Es muy, muy fácil mantener una rutina en la vida de un bebé cuando no hay más que papá y mamá para cumplirla.

Los primeros días, casi que semanas, Mateo no quería por ningún motivo salir de su coche o bajarse de los brazos de mamá. Se agarraba a mi pierna como si fuera salvavidas y gritaba cuando veía gente extraña. (o sea todos)

Poco a poco fue agarrando confianza con la familia: Con mi mamá fue amor a primera vista, mi papá se lo ganó jugando al avioncito y mi hermano se lo metió en el bolsillo cuando armó una pista de carritos con madera que había en la casa. Con mi cuñado también fue amor a primera vista, yo creo que le recordaba a su papá y con la prima… bueno ese es amor del bueno.

IMG_3399

Parte del plan era buscar una guardería para Mateo. Siempre supimos que sería una guardería temporal, pero no quería que los días de Mateo pasen frente a la televisión encerrado en la casa. Quería que tenga una actividad que lo divierta y llene sus días.

Encontré una muy cerca de la casa de mis papis. Las profes me dieron confianza desde que crucé la puerta y estuvieron siempre de acuerdo con que sea temporal (3 meses)

IMG_3247

Mateo ya había ido a la guarde en España y no le tomó nada adaptarse a su nueva guarde, en menos de una semana se quedaba contento y se despedía de mi en la puerta con una sonrisa.

Intenté mantener la rutina que teníamos en Salamanca y trasladarla a Quito lo más posible. Seguía dejando que se despierte el solito a la hora que sea, lo llevaba a su guarde, regresábamos a comer y a dormir la siesta, por la tarde al parque y por la noche a bañarse, cuento y a dormir. Este orden el lo tiene súper asimilado desde que es bebé entonces me pareció lo mejor mantenerlo lo más posible.

IMG_3293

Durante este mes Mateo empezó a decir sus primeras palabras en serio. Hasta ese momento decía mamá, papá y teta. Lo necesario para sobrevivir, pero llegamos y su vocabulario empezó a crecer a pasos agigantados. En una semana pasó de 3 palabras a 20, 25 y en seguida era un lorito que repetía absolutamente todo lo que escuchaba. Lo único que me daba pena es que el papá no estaba ahí para escuchar esas primeras palabritas chuecas.

Entre paseos familiares, visitas, juegos con la prima, la guardería nueva y muchos apapachos y besos… ¡puff! Como por arte de magia el mes se espumó y ya era hora de irme. Les cuento como preparé a Mateo para mi partida en el siguiente post, pero en este les quiero dejar algunas recomendaciones que aprendí en ese mes sobre como ayudar a los niños a adaptarse al cambio:

  1. Explícale con palabra simples lo que está pasando cuantas veces sea necesario.
    Una o dos veces no son suficientes si es un niño pequeñito. Mateo tenía 23 meses y le debo haber repetido unas 46 veces quien era cada persona nueva, donde estaba papá, donde vivíamos ahora, etc.
  2. Respeta el proceso de cada niño.
    Forzar a Mateo para que salga de su coche o para que socialice antes de tiempo solo resultó ser peor. Cada niño tiene su ritmo y cuando di un paso atrás y dejé que sea el quien decida cuando estaba bien socializar todo fluyó mucho mejor.
  3. El amor no se fuerza.
    Es más o menos lo mismo que la anterior, pero si hablamos de conocer gente nueva como los tíos que viven lejos o los abuelos a quienes casi no ven, mi consejo es evitar a toda costa los besos y abrazos forzados. Algunas veces tuve que pedir que me devuelvan a Mateo porque el lloraba desesperado cuando me lo quitaban de los brazos. Intenta ponerte en los zapatos del niño, para ti es tu hermana querida, pero para el es alguien que no conoce, que lo carga y lo besa.  Es mejor dejar que sea el niño que se acerque poco a poco. Toma tiempo pero es la única forma de ganarse el cariño sincero.
  4. Intenta mantener un cable a tierra.
    Mateo sabía que yo estaba ahí para el cuando el me necesite. Los primeros días pasamos pegados el uno al otro. Mis planes de llegar y encargar a mi hijo con los abuelos para salir de fiesta con mis amigas resultaron ser irreales. En ese momento yo era su cable a tierra y no era buena idea forzar las cosas.
  5. Mantén su rutina lo más posible.
    A los niños les gusta saber qué va a pasar. Generalmente hacemos planes sin involucrarlos en las desiciones y luego nos olvidamos de contarles que es lo que vamos a hacer. La rutina se convierte, también, en un cable a tierra que les ayuda a sentirse seguros. Tal vez no es posible mantener la rutina exacta todos los días, pero intenta mantenerla en general.
  6. Presiona poco a poco.
    No se trata de mantener al niño cómodo en tus brazos e intentar que parezca que nada ha cambiado. Se trata de ayudarlo a dar pasitos, pasitos. Se suponía que Mateo iba a ser parte de la corte en la boda de mi prima, pero no estaba listo, no hubiera caminado delante de tanta gente sin desmoronarse en llanto en media iglesia, así que preferí no presionarlo tanto y que no salga.
    Eso significaba que debía quedarse encargado con mi cuñado. Unos días antes lo llevé unas horas para que los conozca y vaya cogiendo confianza. Se quedó llorando, pero era necesario presionar un poco para que se suelte con ellos. ¡Funcionó perfecto! Pero no hubiera funcionado tan bien si es que yo me quedaba con ellos, hubo que presionar un poquito.

2

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

ChiquitosyBebes.com | Quito, Ecuador

Blog de maternidad y aventuras con los niños en Ecuador

mamásconpeques

El amor puede cambiar el mundo! hagámoslo juntas, ¿me acompañas?

COMMEMEMUCHO

Recetas de cocina casera de toda la vida, sabrosas, asequibles y sencillas

Petite Lover

DISEÑO, MATERNIDAD Y LIFESTYLE

Writing and Illustrating

Sharing Information About Writing and Illustrating for Children

Dernhelm

Illustrator & Writer

A %d blogueros les gusta esto: