14 horas en avión más conexiones con un toddler inquieto

Ya ha pasado un buen tiempo desde que hicimos estos viajes, pero tenía este post a medias en la compu esperando su momento.

Como ya les conté antes, Javier, Mateo y yo viajamos a vivir en Salamanca – España cuando Mateo tenía un año recién cumplido. También les conté que tenía terror a ese viaje en avión de 11 horas más conexiones y les conté que el vuelo fue mucho mejor de lo que esperábamos. ¿Verdad?

Bueno, hay una parte de nuestro viaje del que no les he hablado todavía: El regreso.
Por cosas de la vida, Javier y yo tuvimos que emprender viajes de regreso en momentos diferentes. El tenía que quedarse a defender su tesis y graduarse de su master y yo tenía que asistir a la boda de mi prima casi hermana. (imperdible)

Esto significó que el viaje de regreso lo hagamos Mateo y yo solitos sin la ayuda de papá.

La verdad es que tenía terror, terror es poco, a ese viaje de regreso, sobretodo porque estaba incumpliendo mi propia recomendación más importante sobre volar con peques: Busca un vuelo en la noche para que vaya durmiendo.

Hicimos esto en el viaje de ida y nos fue estupendo. Pero al regreso no conseguimos un vuelo nocturno. El único vuelo que conseguimos salía a las 6 de la mañana del aeropuerto de Madrid y llegaba a las 2 de la tarde a Quito, con una conexión de 45 minutos en el Schiphol de Amsterdam. A esto súmenle que nuestro viaje empezaba un día antes en Salamanca con 2 horas en bus, que para un adulto no es nada, pero para un toddler de año 10 meses son gotitas que van llenando el vaso del berrinche.

¿Se acuerdan que nuestro coche rojo estaba a punto de terminar su vida útil? Bueno, la noche antes del viaje se rompió y nos tocó hacer un remiendo con la esperanza de llegar a Quito y jubilarlo definitivamente.

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Seguridad con un toddler mal dormido.

Entonces, son las 5 am, nos despedimos de Javier. Mateo (mal dormido) y yo nos disponemos a pasar seguridad. Yo llevaba una maleta de mano con mi compu y una mudada extra para mi (ya saben 11 horas en el avión con un bebé) y una mochila rellena a tope de cosas de Mateo:

  • Dos mudadas completas.
  • Snacks para el vuelo.
  • Yogur.
  • Leche en polvo.
  • Paracetamol.
  • Termómetro.
  • Una Tablet con juegos y dibujos
  • Un juguete nuevo para el vuelo
  • Pañales a millares surgir. (Muchos más de los que pensaba usar)

Yo sabía que puedes meter la comida que necesites durante el vuelo, pero no calculé que iba a tener que sacar todo eso de la mochila para pasar seguridad. Además de sacar la tablet, la compu, la tableta gráfica que uso para trabajar, el mouse, el teléfono, el reloj de mi cartera y al bebé de su coche.

¡Madre mía! dijo la señora que venía atrás mío.

Y como si no fuera suficiente ya con Mateo llorando desesperado al otro lado del filtro me piden que regrese una vez más a sacar: Crema anti pañalitis, desinfectante de manos, pasta de dientes, y labial de la maleta. ¿Es en serio?

Por suerte fue solo pasar por el filtro con Mateo llorando desesperado, volver a guardar todo en la mochila, maleta y cartera, volver a subir a Mateo en su coche y ya. ¡Simple! O no?

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Subir al avión en llanto.

Basta con que tu bebé llore en un lugar público para ser la más popular del lugar.

Mateo subió al vuelo Madrid – Amsterdam chillando como puerco.

Mientras yo entraba al avión primera que todos, podía escuchar los pensamientos de los demás pasajeros: “Ojalá no me toque junto a ella.” Lo sé porque yo también lo he pensado.

En cuanto entramos al avión nos recibió el tripulante más buena onda del planeta.
– Siéntate acá. Me dijo. El vuelo no está lleno y estos asientos están libres para que puedas acostar a tu bebé.

Música para mis oídos, Mateo lloraba de cansancio, así que en cuanto nos acomodamos, cayó profundamente dormido.
Gracias señor, esa sonrisa entre tanta cara larga es justo lo que necesitaba.

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45 minutos para la conexión.

Llegamos a Amsterdam y nuestro cochecito rojo nos esperaba listo en la puerta del avión.

– Tengo 45 minutos para llegar a la conexión. Le dije al señor.
– Más que suficiente. Me dijo.

Una vez que pasamos migración tenía 20 minutos para llegar a la puerta y yo solo veía los letreros: 15 minutos a la terminal, 10 minutos a la terminal, 8 minu…. ¡Plac! Sonó el coche y el culo de Mateo topó el suelo.

Noooooooooo. ¿Qué me hago con Mateo en Amsterdam? Pensé sin parar de correr. Pobre Mateo venía arrastrándose por todo el aeropuerto, pero llegamos.

¿Cuantos pañales?

La verdad no me di cuenta hasta que despegamos. Mateo estaba más molesto de lo normal, yo pensé que era por el trajín del viaje, pero en el primer cambio de pañal me di cuenta de que pera algo más. Estaba mal del estómago y nos quedaban 11 largas horas de vuelo.

Teníamos el asiento junto al mío libre, pero Mateo solo quería estar sentado sobre mi. No quiso comer absolutamente nada de los snacks que llevé y lo único que aceptó fue jugo de naranja que nos ofrecieron en el avión.
El termómetro y el Paracetamol que llevé por si acaso sirvieron más de lo que me imaginé.
No quizo saber nada de ningún juguete, ni siquiera de su carrito favorito. Solo quiso dormir y ver dibujitos en su tablet. (en este caso, cero remordimientos)

¿Que pasa con la ropa de un bebé cuando está enfermo? Se ensucia y mucho. Más de lo que tenía planificado.
¿Y la ropa de mamá? pues también se ensucia… mucho.
¿y los pañales? Pues eso que en un principio fue una exageración terminó siendo la salvación del vuelo. Durante las 11 horas de vuelo tuvimos que hacer por lo menos 10 cambios en esos baños diminutos de avión.

Ambos aterrizamos en Quito con los pantalones sucios y lavados en el lavabo del avión lo mejor que pude. Mateo se regó un vaso de jugo al principio del vuelo y para el final tuve que volverle a poner la misma camiseta sucia que ya se había secado.
Cosas de la maternidad y perder el glamour.

¿El balance?

Si salimos de esa con una sonrisa, salimos de todas.

Casi aplaudo cuando aterrizó el avión. Ambos estábamos cansados, con el horario confundido y sucios.

Pasamos migración y el señor de aduana nos dijo: “Bienvenidos”
Y es la verdad, no nos sentimos de ninguna otra manera.
Felices de llegar con los abuelos, los tíos, mi Lua y las maletas donde teníamos cambios de ropa limpios para ambos.

¿Y el coche? cumplió su objetivo y nos llevó hasta Amsterdam. En Quito no lo encontramos y tampoco preguntamos mucho por el.

8 comentarios sobre “14 horas en avión más conexiones con un toddler inquieto

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  1. Me encantó está historia y me hizo reír a carcajadas, no en burla sino de pensar lo real que puede ser para luego ver hacia atrás y ver que es una historia para recordar siempre y reír un poco.

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  2. Buena historia Marie, pobres mamás que tienen que viajar en avión con niños pequeños y me imagino que solo pedirán, «que no llore» «que no llore» para evitar las malas caras del resto de pasajeros. La próxima vez que vea una mamá con un bebé en el avión le voy a sonreír… no ponerle mala cara aunque no es nada grato viajar con llanto de bebe, hay situaciones donde debemos ser más tolerantes. Me encantó tu historia y Mateo es un bello!!!!!!

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  3. Que chevere tu historia solo me dejaste con un poco de miedo que nos pase eso también ! jaja estoy por tener un vuelo igualito pero con mi ma ayudándome, no se si eso es mejor o peor. Jaja

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  4. Desde que empecé este loco viaje de la maternidad, leer historias de otras mamás me reconfortan! Tenemos planeado un viaje con Julia ( 13 meses) y si me aterroriza pero cómo sea lo lograremos 🙂 gracias por compartir tus experiencias! Por cierto casi escupo el jugo de la risa cuando dijiste: lloraba como chancho jajajaja !!! Un abrazo

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